Una enfermera llamó a un director para darle una noticia urgente: ‘Su esposa acaba de dar a luz y está en cuidados intensivos’. Confundido —porque él no tenía esposa—, igualmente corrió al hospital. Al llegar, le dijo al médico: ‘Desde este momento, soy su marido. Ponga todas las facturas a mi nombre

Sabía que en ese instante su vida cambiaba para siempre. No por el riesgo, ni por la conspiración empresarial, sino por esa decisión irreversible: proteger a dos personas que, hasta esa mañana, eran completas desconocidas.

Pero ahora, eran su responsabilidad

Y la batalla apenas comenzaba.