Un niño de 7 años con hematomas entró a urgencias con su hermanita en brazos. Sus palabras rompieron corazones.

La enfermera Olivia Grant fue la primera en acercarse. Se le encogió el corazón al ver los moretones en sus brazos y el pequeño corte sobre su ceja. Avanzó lentamente, hablándole con voz suave y tranquilizadora.

—Cariño, ¿estás bien? ¿Dónde están tus padres? —preguntó, arrodillándose para mirarlo a los ojos, abiertos y asustados.

Los labios de Theo temblaron. «Necesito ayuda. Por favor... mi hermana tiene hambre. Y... no podemos ir a casa», susurró con voz ronca y frágil.

Olivia le indicó que se sentara en una silla cercana. Bajo las luces del hospital, los moretones en sus brazos eran inconfundibles; se veían huellas oscuras a través de su sudadera raída. La bebé, de unos ocho meses, se movía débilmente en sus brazos, con sus pequeñas manos crispándose.

—Ya estás a salvo aquí —dijo Olivia en voz baja, apartándole un mechón de pelo de la frente—. ¿Puedes decirme tu nombre?

—Theo… y ésta es Amelie —dijo, apretando a la bebé más cerca de su pecho.

En cuestión de minutos, llegaron el Dr. Samuel Hart, el pediatra de cabecera, y un guardia de seguridad. Theo se estremecía ante cada movimiento repentino, protegiendo instintivamente a Amelie.

—Por favor, no te la lleves —suplicó—. Llora cuando no estoy con ella.