Los hábitos de vida influyen significativamente en la calidad del sueño. Consumir cafeína por la tarde o por la noche, comer comidas copiosas a altas horas de la noche o acostarse a horas irregulares pueden contribuir a despertarse en mitad de la noche. Factores externos como el ruido, la luz o un entorno incómodo para dormir también pueden perturbar el descanso.
Problemas de salud, como el reflujo ácido, el dolor crónico o el síndrome de piernas inquietas, dificultan tener un sueño reparador.