¡Qué shock visitar a mi amiga en el hospital! Mi esposo la estaba cuidando. Retiré mis activos y los bloqueé...

Quería un sufrimiento que estuviera a la altura de la traición.
Me puse de pie, me ajusté la chaqueta y miré el pasillo hacia la habitación 305 como si fuera un objetivo.
"Disfruta de tu luna de miel en el hospital", murmuré. "Porque mañana... empieza tu infierno".
Afuera, en mi coche, ni siquiera encendí el motor antes de llamar a Héctor, mi jefe de confianza de informática y seguridad.
"Hola, Héctor", dije, con una voz tranquila que ya no me sonaba a mí.
"¿Señora de la Vega? ¿Está todo bien?"
"Necesito su ayuda esta noche. Urgente. Confidencial".
"Siempre, señora".
"Primero: bloquear la tarjeta platino de Ricardo. Segundo: congelar la cuenta de operaciones que gestiona; digamos que es una auditoría interna repentina. Tercero: alertar al equipo legal para que prepare la recuperación de activos".

Un momento de silencio. Héctor fue lo suficientemente inteligente como para no preguntar por qué.

 

 

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