Mi hijo me pegó anoche y me quedé callada. Esta mañana, tendí mi mantel de encaje, preparé un desayuno sureño completo y luego preparé la vajilla fina como si fuera Navidad.

Si esto te resulta familiar, recuerda esto: quedarte no te hace débil, y marcharte no te hace cruel. Los límites no son actos de castigo, sino de protección.

Para las personas en Estados Unidos que han enfrentado conflictos familiares, daño emocional o tensión doméstica, ¿qué les ayudó a dar ese primer paso? ¿Hablaron, pidieron ayuda o establecieron un límite que lo cambió todo?

No dudes en compartir tus pensamientos, experiencias o incluso una simple palabra de aliento a continuación. Alguien que esté leyendo esto podría necesitarlo más de lo que crees.