Me cerraron la puerta de la boda por ser “pobre”. Pero bastó UN SOLO NOMBRE saliendo de la boca del novio… para que nadie en la familia se atreviera a respirar.

Yo crecí en el campo, hija de agricultores. Mis padres me enseñaron a trabajar duro ya mantener siempre la humildad. Después de mucho esfuerzo, me gradué en diseño de interiores y, con los años, llegué a ser director de una empresa reconocida. Pero como vestía sencillo y hablaba poco de mi vida profesional, la familia de Daniel pensaba que solo era una “chica de pueblo con suerte”.

Sofía solía decir con una sonrisa forzada:

“Mientras sepa cocinar, está bien. Pero no esperen que tenga dinero”.

Yo nunca respondí. El tiempo, tarde o temprano, revela la verdad.

El anuncio de la boda

Un día, la familia anunció con entusiasmo que Sofía se casaría. Su prometido era un reconocido arquitecto llamado Andrés Morales, muy respetado en su campo. Mi suegra estaba tan feliz que me dijo:

“Prepara tu vestido más elegante, mañana iremos a conocerlo”.

Pero Sofía intervino, con su tono frío y su mirada desdeñosa: