Una madre ejemplar que no abandona su rol
Que una madre cuida a su hijo en la infancia es normal. Que lo haga a los 98 años, cuando su hijo tiene 80, es algo que rompe cualquier estándar. Ada lo hizo con dulzura y determinación. Se levantaba todos los días para acompañarlo a desayunar, verlo dormir y abrazarlo como siempre lo había hecho.
El personal del asilo de ancianos quedó conmovido por la relación entre ambos. Declararon que su vínculo inspiraba a otros residentes y a sus familias. Ada, sin buscarlo, se convirtió en símbolo de lo que significa ser una madre ejemplar.
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