Cuando, según sus propios cálculos, alcanzó el noveno mes de embarazo, finalmente decidió ir al ginecólogo para saber cómo sería el parto. El médico, al ver su edad, ya estaba desconfiado, pero comenzó el examen.
En cuanto la imagen apareció en la pantalla del ultrasonido, el rostro del doctor se puso pálido.
—Señora Larissa… eso no es un bebé.
El corazón de Larissa comenzó a latir con fuerza.
—Entonces… ¿qué es?