El éxito y una pregunta

La nueva tienda abrió a tiempo. De vuelta en su oficina, llamaron a la puerta: Mikhail, con peonías en la mano, sus favoritas.
—Por nuestro éxito —dijo—. Cenen conmigo, solo Arina y Mikhail.
En un tranquilo bistró del casco antiguo, él habló de sus humildes orígenes, un matrimonio fallido y una tenaz confianza en sí misma. Ella habló de su infancia en un pueblo pequeño y del miedo a perderse de nuevo.
Tomándole la mano, le dijo:
Estoy enamorado de ti. No del gerente, sino de la mujer que eres.
Su teléfono sonó: problemas con la entrega. Mikhail le cubrió la mano.
No hay trabajo esta noche. Tu ayudante se encargará.