Esa noche, Julián durmió en una silla junto a la cama de hospital de su hija. Lily, finalmente sin dolor gracias a la medicación, despertó en la penumbra. "Papá... ¿tengo que volver con mamá?". Julián le apartó el pelo de la frente. "No, cariño. Te quedas conmigo. Ahora estás a salvo". Lily dejó escapar un largo suspiro, como si se le cayera una piedra pesada. "Gracias por creerme". "Siempre", dijo Julián con voz entrecortada. "Eso nunca cambiará".
Tres semanas después, un juez revisó las fotos, los informes médicos y los billetes de avión. «Negligencia grave y riesgo de fuga», dictaminó el juez. «La custodia física exclusiva corresponde al padre».