La llamada del millonario al 911: el descubrimiento de un padre

A Julian se le subió la bilis a la garganta. No fue un accidente mal gestionado; fue un encubrimiento. "Vamos al hospital. Ahora mismo", declaró con firmeza. Los ojos de Lily se abrieron de par en par, presa del pánico. "¿Me voy a meter en problemas?" "No. No hiciste nada malo. Pedir ayuda nunca está mal", prometió, abrazándola suavemente por delante. "Te tengo".

En el coche, acelerando hacia el Hospital Infantil, cada bache del camino arrancaba un gemido del asiento trasero. "¿Tuviste fiebre?", preguntó Julián, agarrando el volante. "El jueves me ardía el calor... Mamá dijo que era normal".

Fiebre. Infección. Julián sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies.

En urgencias, los atendieron de inmediato. El Dr. Marcus Hale , pediatra de guardia, entró con calma. "Muy bien, Lily... vamos a quitar esto con cuidado". Al desenrollar la gasa, la expresión del médico se ensombreció. Al retirar la última capa, se reveló la lesión: una masa grande y oscura rodeada de piel irritada, roja e hinchada.