La llamada del millonario al 911: el descubrimiento de un padre

"Tengo una emergencia en la peluquería", espetó Eleanor, evitando el contacto visual. Evitó su saludo, ignoró sus preguntas y salió de la casa tan rápido que Julian no tuvo oportunidad de preguntarle cómo había ido la semana de custodia. Su comportamiento frenético le provocó una sensación inmediata de temor.

Subió a la habitación de Lily y tocó suavemente. «Princesa, ya estoy en casa. Ven aquí, aprieta a papá». «Aquí estoy», respondió ella con voz monótona. Se quedó paralizada en la cama.

Julián entró y la encontró sentada en el borde del colchón, de cara a la pared, envuelta en una camiseta demasiado grande para su pequeña figura. Su postura era extrañamente encorvada.

—¿Qué te pasa, cariño? —preguntó, acercándose. Lily se levantó con una lentitud agonizante, moviéndose rígida. Se giró hacia él. Cuando Julian extendió la mano para abrazarla, ella soltó un grito agudo. —¡Ay, papá! No tan fuerte... me estás haciendo daño.