Porque nunca examinó el nombre que figuraba en el billete.
Una semana después, su rostro estaba en todas partes: periódicos, televisión, redes sociales. «Joven madre soltera gana 10 millones de dólares en la lotería estatal». Allí estaba, enfundada en ropa de diseñador que antes ni siquiera podía permitirse, brindando con su novio, sonriendo como si el mundo le perteneciera.
Lo vi todo desde la habitación de invitados de mi hermana en un viejo televisor. La rabia me hervía por dentro, pero guardé silencio. Esperé.
En el cajón de mi mesita de noche había un sobre amarillo. Dentro, el verdadero billete ganador. Lo había comprado yo mismo con mis ahorros en la gasolinera esa tarde. Lo había dejado en la mesa de la cocina, sin pensar jamás que ella lo cogiera sin mirarlo. Nunca le dio la vuelta, nunca leyó el reverso. Porque ahí, con tinta negra, estaba mi firma: María Delgado.