Era Clara, la organizadora del evento. Tenía el rostro desencajado y un teléfono en la mano. —Señora —dijo, casi sin aliento—… tiene que venir conmigo. Pasó algo… algo que nadie esperaba.
Mi corazón dio un vuelco. Me levanté de golpe, temiendo lo peor, pero sin imaginar lo que estaba por escuchar.
Clara tragó saliva, me miró directamente a los ojos y, con voz temblorosa, soltó la noticia que cambiaría el curso de aquel día por completo…
Y en ese instante, el mundo pareció detenerse.
—El vestido… el nuevo… —balbuceó Clara—. Se rompió.