A los 61, me volví a casar con mi primer amor. En nuestra noche de bodas, al quitarme mi tradicional vestido de novia, me sorprendió y me dolió ver...

Me tambaleé hacia atrás. Mi mente corría. ¿La chica que recordaba, aquella cuya sonrisa conservé durante cuarenta años, se había ido?

“Murió”, susurró la mujer, entre lágrimas. “Murió joven. Nuestros padres la enterraron en silencio. Pero todos decían que me parecía a ella... que hablaba como ella... que era su sombra. Cuando me encontraste en Facebook, yo... no pude resistirme. Pensaste que era ella. Y por primera vez en mi vida, alguien me miró como miraba a Anna. No quería perder eso.”