Nuestra boda fue sencilla. Yo vestía un traje azul marino, ella llevaba seda color marfil. Mis amigos murmuraban que parecíamos adolescentes otra vez. Por primera vez en años, sentí un gran impulso.
Esa noche, después de que se fueran los invitados, serví dos copas de vino y la llevé a su dormitorio. Nuestra noche de bodas. Un regalo que creía que la edad me había robado.