Comodidad y familiaridad.
Conoce el ritmo del hogar: el café de la mañana, la historia compartida, la comprensión serena.
Empezar de nuevo resulta agotador, sobre todo cuando ha construido una vida con alguien que conoce sus hábitos y estados de ánimo mejor que nadie.
Miedo a las consecuencias.
Irse puede significar dificultades económicas, juicios de los demás y poco tiempo con sus hijos.
Para muchos, el miedo a perder lo que han construido supera la culpa que cargan.
Dependencia emocional.
Incluso cuando se desvía, podría seguir recurriendo a su esposa para encontrar equilibrio emocional, aliento o un sentido de identidad.
La aventura se convierte en una distracción, no en un verdadero sustituto.
Evitar la etiqueta de "malo"
hace que la falta sea innegable.
Quedarse le convence de que las cosas no son tan malas: una forma de esconderse de la culpa y la realidad.
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